Superterroristas del artefacto piedad

«El desierto crece» (Nietzsche)

Mientras leía al “lugarteniente de la nada” en una proyección pública de cine, escuché como la película buscaba nuestra interpelación preguntando lo siguiente:

«¿Quién no ha deseado alguna vez ser un superhéroe

Inmediatamente pensé -quizá porque a ello me animaba cansinamente el simpático lugarteniente- que también estamos los que a menudo fantaseamos todavía con la idea de ser ‘Superterroristas’. Me explico.

Desde cierta perspectiva, aunque no ha todos/as les convezca, Jesús el Nazareno fue un terrorista proto-palestino que increpaba a los romanos y los fariseos; desde otra, por traer un nuevo ejemplo de entre un millar, Gandhi era poco más que un indio ‘hambruno’ de conducta muy incómoda para el Imperio. A redopelo, durante la historia se ha ensalzado como héroes indiscutibles a figuras muy controvertidas. Gesto cuyo quicio se corona en la alabanza colectiva a ciertos Estados políticos que sirven, sin reparo alguno, al pestífero capitalismo.

Precisamente ese es el espíritu que invadía a la película, a veces gratuitamente violenta y soez (p.e. al decir «te doy las putísimas gracias», o al mostrar el empeño de un padre por adiestrar como impasible asesina a su hija pequeña). Frente a esto, por lo menos yo siempre elegiré el lado de los Supervillanos, de los Superterroristas que manejan ‘peligrosos’ artefactos de piedad. Aunque no puedo evitar que sea à la Schopenhauer.

heart explosion

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