Etiquetado: Filosofía

“El mejoramiento humano” III Congreso Internacional de Bioética en la UV

Llamada a la participación para la tercera edición de este interesante congreso…

Transhuman

(http://gibuv.blogs.uv.es/)

http://gibuv.blogs.uv.es/congreso-bioetica-2014/call-for-papers/

III CONGRESO INTERNACIONAL DE BIOÉTICA: EL MEJORAMIENTO HUMANO

10-12 noviembre de 2014

LUGAR: Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación

Avda. Blasco Ibáñez, 30. Valencia (España) – mapa

Organizado por:

Grupo Interuniversitario de Investigación en Éticas Aplicadas y Democracia
http://www.uv.es/eticas-aplicadas

Grupo de Investigación en Bioética de la Universitat de València
http://www.uv.es/gibuv

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Un mantra termodinámico malintencionado

Es posible que conozcas la primera ley de la termodinámica: “La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”.

Esta afirmación da gozo, es decir, es como una exoneración al dispendio y la crematística energética…pues nunca estaremos destruyendo energía, sino transformándola. El problema real , reside en la entropía (S): cuando consumimos energía (recursos, fuentes, etc.) en el inevitable metabolismo de la sociomasa, efectivamente, transformamos la energía, pero en ese proceso de transformación, sucede un aumento de los niveles de la entropía del sistema general (el planeta). En el archiconocido proceso, lo que sucede entonces, es que la energía es transformada en formas menos útiles para producir trabajo y, por lo tanto, muchos menos válidas para la civilización humana.

Podría decirse, a grandes rasgos y sin ningún rigor científico empírico por mi parte, que la energía se ‘degrada’ para su utilidad humana. La cosa ya no es tan alegre como la mera transformación, hay pérdidas irreversibles.

termodinamics

Esclavos del fermento. Receta de biopolítica contra la tiranía de la levadura

Una buena receta, o más bien una propuesta, para la biopolítica capaz de elevarse hasta la altura de los tiempos a los que se enfrenta, es, sin lugar a dudas, buscar una fermentura mitológica que se ajuste a los límites biofísicos del planeta: ni prometeica, ni cornucopiana…

Porque no sólo de textos vive el hombre: dos apuntes sobre cómo hacer pan anti-capitalista con una truñilex, mientras tratas de salvar el mundo de la catástrofe ecológica.”

Entrada completa en: “Esclavos del fermento…” (ellibrepensador.com)

pan

Resistir a la hipótesis de la “colisión termo/gen” (Thermo/Gene Collision)

Las sociedades humanas, tomada “la civilización” por sus partes, son un caso muy particular de entre el catálogo de los sistemas vivos autorganizados. La peculiaridad es que su desarrollo no sólo responde a cambios, estímulos o impulsos por mor de su naturaleza, pues es también capaz de modificar los vectores de su comportamiento en base a la alquimia del lenguaje (logos) que realiza. El uso de la palabra, le da al humano la capacidad de crear instituciones acumuladoras de información, y estas le permiten la posibilidad de poder decidir y actuar de una manera consciente, es decir, en base a un plan de acción determinado a sus objetivos (telos). No se encuentra ningún ejemplo similar, capaz de participar de esta fabulosa capacidad para organizarse y mutar de la sociedad humana, en la retahíla evolutiva: es por tanto muy posible que no haya leyes generales que expliquen la organización y el cambio propio de nuestras sociedades.

Una consecuencia de lo anterior, es que es inútil buscar leyes y determinismos naturalistas para orientarnos en el despliegue civilizatorio apropiado para continuar la historia. Más bien, como han explicado diversos especialistas en sociología y medioambiente (entre ellos, Ernest García), el cambio de las sociedades responde a la evolución cultural, y no tanto a la natural. Sin embargo, resulta preferible por evitar confusiones respecto de una idea de “evolución cultural”, hablar de «cambio social, o simplemente de historia» -como decía Ernest en una de sus clases-.

Este es un argumento a favor de una conocida y denostada afirmación orteguiana que se puede resumir en que “el hombre tiene historia y no naturaleza” (Ortega y Gasset, O.C., Taurus, T. V, p. 343.). Veamos por qué. Ernest García, para posicionarse de la manera que anteriormente hemos mencionado, ha tomado a las sociedades como entidades vivas, como puras corporaciones, remarcando que en ellas, los cambios no se dan según una naturaleza, sino en base a variaciones en el uso del lenguaje y del pensamiento en general. No cabe duda de que las corporaciones inmediatamente inferiores que constituyen las sociedades humanas, son las generaciones de individuos que se entrecruzan durante el despliegue cronológico. De este modo, la única manera de anticipar, o tratar de esbozar un patrón de conductas, es observar la historia de estas sociedades, los diferentes vientos que ha propiciado el paso sucesivo y solapado de generaciones y generaciones de humanos -¿algo así, limadas sus asperezas, como el método histórico de las generaciones?-.

No obstante, cabe la pregunta acerca de qué alienta esa historia, cual es el material básico que suscita la dinámica histórica generacional -habiendo descartado, tal vez demasiado pronto, un fantasma biológico como demiurgo del sistema-; sencillamente, diríamos que son los genes, con toda su problemática. Tal vez conozcan la hipótesis de la colisión termo/gen (Jay Hanson, “Thermo/Gene Collision – On Human Nature, Energy, and Collapse”, The Social Contract, vol. 17, nº 3, 2007. Disponible online: http://www.thesocialcontract.com/artman2/publish/tsc1703/tsc_17_3_hanson.shtml), en ella se nos advierte de la profunda disonancia entre las características de un sistema como el termodinámico (limitado e irreversible), y las clausulas de protección de la impronta genética (ilimitado y potencialmente indefinido). Si es cierto que el egoísmo lleva al gen a desear acaparar el universo, lo es también que pronto no habrá universo suficiente para tanto egoísmo: «cuando nuestro subconsciente sienta que es mejor para nuestra salud mentir, engañar, robar, violar o matar, entonces lo haremos. Es nuestra herencia genética» (Hanson 2007, último párrafo); o como puntualiza García:

«La expresión alude al cruce entre las leyes de la termodinámica (que causan que la provisión de recursos sea cada vez menor) y los impulsos genéticos (que reclaman siempre más y más). (…) El resultado es que una situación caracterizada por la sobrepoblación y por el declive en la oferta de recursos desemboca necesariamente en una desorganización catastrófica. La conservación del orden social requeriría más y más cooperación, pero los individuos están programados genéticamente para reducir la cooperación y perseguir ventajas adaptativas. Los poderosos recurrirán entonces a todos los medios a su alcance –incluyendo las armas nucleares– para incrementar su porción en el reparto y para mantener las jerarquías sociales.» (Ernest García,  (2007). “Los límites desbordados. Sustentabilidad y decrecimiento”. Trayectorias, 9(24), 7-21, p. 15).

Según veíamos, el humano debe realizar un triple salto mortal (desde la cima de diversos trampolines fáusticos): sobrevivir a un ecosistema finito, irreversible y hostil; sobreponerse a los límites biofísicos que le impone su propia naturaleza (en inextricable vínculo con el ecosistema); y solazar los ímpetus metafísicos de las cláusulas de protección inscritas en su genética –decimos metafísicos por cuanto rebosan las fronteras físicas y termodinámicas, según señalaba la hipótesis termo/gen-. Hemos de recurrir, forzosamente, a una nueva filosofía “capaz de hacerse”, con todas sus implicaciones sociales, políticas, económicas, etc.

“Il y avait un jardin….” Georges Moustaki (Giuseppe Mustacchi) cantando a las generaciones futuras

También Moustaki cantaba a la ecología, la justicia social y las generaciones futuras en 1971. Una píldora sobre esta canción donde, poco antes de la publicación del informe Meadows sobre los límites al crecimiento,  el cantante se dirige a los niños y las niñas de un futuro en el que la tierra ya no es como era: «ni un paraiso, ni un infierno…»

Il y avait un jardin. Georges Moustaki. Subtítulos en español

Más Elysia y menos Elysium: una buena metáfora para el ecologismo del siglo XXI

Las plantas, como saben, producen sus alimentos mediante un proceso químico llamado fotosíntesis; el resto de los seres vivos, tenemos que buscarnos la vida de una u otra forma. Sin embargo, existe alguna excepción: la “Elysia chlorotica“, una humilde babosa de mar, es el primer animal descubierto con capacidad para la fotosíntesis.

elysia 2

La Elysia se alimenta de los cloroplastos de la Vauncheria Littorea, una alga marina. Por una especie de secuestro -conocido como cleptoplastia- las estructuras fotosintéticas de esta alga quedan preservadas en el epitélio de su sistema digestivo, donde posteriormente, continuarán realizando su trabajo: fotosintetizar la luz solar para convertirla en energía de la que vivir (en este caso, alimentarán a la babosa). Dos semanas dedicadas exclusivamente a las algas, y el ‘animal’ podrá permanecer sin comer durante casi un año: más o menos el resto de su vida.

Cuanta falta nos haría que nuestro ser quisiera parecerse un poco a Elysia. Lo digo imaginando a la civilización, sobre todo la del norte económico, como una gigantesca bestia voraz. El problema, es que a esta bestia civilizatoria se le agota radicalmente el alimento; es decir, los recursos energéticos disponibles en el planeta tierra. La inquietante pregunta es que va a comer para entonces, para cuando agote la energía que hasta ahora sostenía su mantenimiento, ¿acaso se producirá la de-función de este sistema autoorganizado? O lo que es lo mismo, ¿va a producirse un apocalipsis civilizatorio? (algunos se preguntan todavía si podrán mantener su estatus de absolutos privilegiados, y sus niveles de ‘bienestar’).

Hemos de plantearnos seriamente, no como los buitres del ecocapitalismo, el uso de las fuentes de energía renovables: entre ellas, aunque no la mejor, está la captación de la luz solar. Decíamos que no es la mejor, pero no lo es por un motivo muy sencillo: nuestra forma de vida, nuestro sistema auto(des)organizado, nuestra bestia, alcanza cotas de consumo delirantes. Vivimos por encima de nuestras posibilidades, y quien diga lo contrario, debe reconocer que le importan un pepino las generaciones futuras (tal vez incluso sus nietos o biznietos). Un planteamiento serio, requiere abandonar la obsesión por un lujo ilegítimo y buscar una fórmula de justicia omnicomprensiva: aquella capaz de atender a las demandas de justicia social en el presente (y en el futuro) y ser capaz de sostener cotas estables de biodiversidad…

Tal vez deberíamos adoptar un modelo biomimético relativo a la Elysia, ser capaces de abastecernos de una energía limpia y abundante, sin exagerar nuestras necesidades. Otra opción, es dejar las cosas como están y prepararnos para el ecoapocalipsis, pero entonces tampoco deberíamos olvidar que viviremos en un contexto en el que la justicia social habrá sido totalmente abolida por la plutocracia… por lo menos yo, estoy convencido de que viviré en el peor de los mundos, en el devastado, y no me hace demasiada gracia.

Cita. Una metáfora del siglo XVI sobre la lechuza de Minerva. Símbolo de la filosofía

 Juan Pérez de Moya, “Filosofía secreta, donde debajo de historias fabulosas se contiene mucha doctrina provechosa a todos estudios”, 1585:

«Desechada la corneja de la compañía de Minerva recibió la lechuza o mochuelo, porque esta ave ve de noche, y al sabio, entendido por Minerva, ninguna cosa se le debe esconder por encubierta que parezca; y porque así como esta ave está de día escondida y retraída en lugares oscuros, apartada de la conversación de las otras aves, así el sabio con deseo de la especulación se retrae a lugares solitarios, porque en la familiaridad y frecuencia de la gente no hay quieto reposo para filosofar; y porque el contemplar y considerar tiene más fuerza de noche que de día, y el ánimo muestra en este tiempo más vigor, por esto se denota esto más con estas aves nocturnas que con otras.»

¿Arqueros o monstruos que fracasan?

Praxis prefigurativa en José Ortega y Gasset y la idea de responsabilidad intergeneracional

 

(Algo muy breve que he escrito como propuesta tardía para un congreso).

Extr.:

«…el material básico de las generaciones, el llamado a cumplir con su parte de la misión conjunta, es, como decía Benavides: un «monstruo propicio». La enfermedad que sufre, su extranaturaleza, su exceso de fantasía, le proporcionan al humano una posición privilegiada y brutalmente inaudita para el resto de la vida en la tierra. Sin embargo, cabría, a la luz de la realidad actual, considerar que este monstruo viene fracasando con renovado empeño: se desvela entonces, más bien, como un monstruo “que propicia” -como no podía ser de otra manera- monstruosidades.»

 

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¿Centauros, cinocéfalos o caballeros del espíritu?

cinocéfalo

(Este texto ha sido enviado como propuesta para el I Congreso de Red Española de Filosofía, recoge de manera sintética las líneas de mi investigación: os invito a criticarlo sin piedad…)

 

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Generación “Fraguel-Rave”

« ¡El centro del universo es sin duda un lugar maravilloso…!» -pensábamos mientras desayunábamos decibelios y cosas peores.

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Fraggle-Rock”, “Los Fraguel”, es una serie creada por Jim Henson en 1983, que se emitió en España a partir de 1985. Aparte del análisis de la estratificación social que permite (la división en ‘clases’ es evidente),  podría ser interesante considerar hasta qué punto esta serie nos ha ‘performado’, hasta qué punto ha dado el patrón de nuestro futuro, que es ahora realidad presente (hemos de tener en cuenta que, pese a la propuesta de adaptación geográfica de partida, la serie se mantuvo fiel al formato USA para España y Noruega). ¿Cómo es, en esta hipotética tesitura, el mundo que nos han legado Los Fraguel? Es un mundo de referentes filosóficos algo confusos y poco acertados. Los seres del “mundo exterior”, los que ya no habitan la caverna, no parecen ser precisamente unas lumbreras.

Jerome Christian, Doc, el dueño del taller que sirve de puerta al mundo de los humanos para los Fraguel, es un viejo chocho con síndrome de Diógenes. Puede pasarse un episodio entero, tratando de abrir un baúl para recuperar la llave ¡que estaba dentro! -o nos toman el pelo en plan Ciudadano Kane, o había perdido la copia de la llave. Representa la imagen de un tecnócrata que se entretiene en experimentos imposibles, metiendo llaves –o gatos- dentro de cajas –con veneno radiactivo-; algo así como Punset y su carnavalesca saga (Elsa ‘la ingenua’ y Carolina ‘la del postureo’).

El tío Matt, viajero a medio camino entre el doctor Livingston y Bilbo Bolsón, plantea muy buenas situaciones –del estilo de Gurb-, pero las resuelve del culo, y no les enseña nada de utilidad a los Fraguel; es el antropólogo inocente, el humanista perdido en su propia perspectiva y sus prejuicios.

“Los Goris”, que corresponderían al poder opresor que instrumentaliza el miedo en un análisis sociológico, prefiguran la circunstancia del joven inútil y desempleado que permanece en casa de sus padres; sin más oficio ni beneficio que perseguir ‘duendecillos’ por el jardín de su casa.

Por último, con un papel discreto pero fundamental, esta “Doña basura” (« ¡La montaña basura ha hablado!» -dicen las ratas). Un montón de basura es el oráculo délfico de los Fraguel, es Gaia y la Pachamama emergiendo por un geiser de mierda. Siempre les dice acertijos indescifrables que ralentizan la efectividad con que podrían resolver sus problemas;  representa (o ‘pre-presenta’, prefigura) la confusa relación que mantenemos en la actualidad con la ‘Naturaleza’.

Dentro de la caverna, en la oscuridad, están los ‘a-lumen’: los Curris, y –presuntamente- nosotros, los Fraguel. La masa obrera que soporta los delirios de las clases por encima, tanto de la clase media (Fraguel) como, por extensión, de los absurdos Goris y patéticos seres del mundo exterior, son los Curris; pero no entraremos en un regurgitado análisis marxista (totalmente recomendable, por otro lado). Ahora bien, ¿quién no ha tenido un amigo o amiga Gobo, Musi, Rosi, Dudo o Bombo?, es más ¿quién no ha sido (es y será) un poco como alguno y alguna de estos personajes? Personalmente, me recuerdo cantado, bailando, y… mis problemas dejando; pero, al menos, fue bonito mientras duró, muchas las suelas que se gastaron, incontables los abrazos, irrepetibles las ‘confluencias’… («and someone»).

Sin acritud, pero ¿a que nos ha pasado como a Dudo & cía, y «esta canción tan triste nos ha puesto muy contentos»?

[PD: ¿alguien se anima a ver la relación entre Los Snorkels y el consumo de Ketamina?]

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