Corollarium al conjuro de Ortega

Nunca ha sido bueno atiborrarse de fluido, ni aunque este venga recomendado por el mismísimo García, pues, ya saben, los ‘anacronópatas’ beben y beben y nuestro Phrontisterion los transporta donde él quiere. Hoy trato de centrarme en el tema que, en algún momento, habré de defender: La ecología de José Ortega y Gasset. Debo a partir de ahora, y ya desde entonces, algunas respuestas e interesantes conversaciones en red, a algunos lectores de este breve blog.

endorcismo

Decía que lo de Ortega y Gasset es un conjuro -refiriéndome a su sentencia «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no salvo a ella, no me salvo yo»- porque incluye dos momentos fundamentales: uno de exorcismo y otro de ‘endorcismo’. El exorcismo supone, como su nombre indica, la expulsión de diversos demonios; el demonio de la indecisión, de la duda, es neutralizado al clarificar el proceso salvífico: salve a su circunstancia y se salvará a usted mismo/a. Aquí tenemos ya el corolario:

Somos pues, tan responsables de nuestra circunstancia, como de nosotros/as mismos/as; al menos, si lo que queremos es salvarnos.

Es ahora cuando entra en juego la dimensión ‘endórcica’: el único modo de recuperar esa interrelación, una ontología relacional, es reintroducir en nuestro repertorio ético todos aquellos aspectos natural-es(istas) que han sido desplazados por la utopía tecnocrática. Como saben bien los chamanes de la Sierra Norte del Estado de Puebla, el endorcismo, como sanación, supone «el regreso y reintroducción de la entidad anímica perdida, se consuma a través de un intrincado ritual, conocido como “levantar la sombra”» (*). Tal vez hoy debamos liberarnos de todos los velos que todavía nos mantienen en la sombra, escindidos de nuestra realidad holística y termodinámica, para ser conscientes de la necesidad de una relación con el Holón más bien luminosa, más bien solar…

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  1. Chestersoc

    Lo del endorcismo me suena un poco lejos, no sé si al mismo Ortega le gustaría, pero ahora mismo no puedo detenerme a estudiarlo. Con lo que no estoy de acuerdo es con que yo sea responsable de mi circunstancia: ¿lo es una persona que le acaban de diagnosticar cáncer de estómago -mi cuñado, sin ir más lejos-?
    Depende de lo que entendamos por circunstancia, claro: de lo más grande -la época que nos ha tocado vivir- a lo más pequeño -el coche que nos atropella esta mañana, la chica con que nos presentan y cambia nuestro destino-, creo que la afirmación es muy relativa.
    Pero no soy experto en Ortega, eh? Sólo son comentarios ‘a vuela tecla’.

  2. joshuabeneite

    Siento mucho lo de tu cuñado, creo que no es para nada responsable. La única manera de responsabilizarlo sería acusándolo de no haber llevado una vida relativamente sana; pero estoy seguro de que no es el caso de tu cuñado, y aún si lo fuera, estaría por ver si es responsabilidad suya o de un estado que no vigila lo suficiente la salud de sus miembros. Tal vez este último argumento enlaza mejor con el sentido que quería darle a la entrada, por ejemplo, sí seríamos responsables de permitir un sistema político que no pone frenos a los agentes desencadenantes del oncogén, o de permitir el deterioro de la circunstancia medioambiental hasta el punto en que afecte a nuestra propia salud individual.

    Tienes toda la razón en señalar la complejidad de la noción de ‘circunstancia’ en Ortega, como dices, es muy versátil y en la propia obra de Ortega se pueden señalar distintas etapas de uso y sentido. Pero yo siempre me refiero a la parte de esta noción que incluye la noción de medio, de paisaje, es decir, de ecosistema actual. También cuestionas con toda la razón el término de ‘endorcismo’, de hecho, está tomado con pinzas y más bien sometido a una torsión que esta por verificar. Mi idea era sugerir que se ha practicado un exorcismo en el que se nos han arrebatado, por decirlo así, los espíritus del bosque, nuestra conexión con el medio natural (aunque no haya naturaleza sino historia, hay como mínimo una ontología relacional: en cierto sentido, una historia de la relación hombre-naturaleza); el endorcismo, la (supuesta) segunda vuelta del conjuro, consiste en reintegrar esa dimensión en nuestra circunstancia, equilibrar la preponderancia de todas las dimensiones de la misma. Permiteme decir esto, con todo el respeto y la absoluta ignorancia de las circunstancias de tu familiar, tal vez (ojala) viviendo en un entorno más sano, o no teniendo que realizar trabajos con riesgo, tu cuñado no hubiera desarrollado esa maldita enfermedad (uno de mis abuelos, naturista contumaz, desarrolló un cáncer por trabajar con pinturas riesgosas, y pudo más el patógeno que sus hábitos de vida sana).

    En realidad, ‘endorcismo’, en el uso chamánico, supone el reintegro de una faceta de nuestro espíritu que nos ha sido robada, lo curioso es que en la etnografía que ojeé, los ladrones de esta faceta son los propios espíritus del agua, el aire, la madera, etc… Pero me pareció un buen recurso retórico para construir unos párrafos algo sustanciados. Copio una cita de Ortega donde, si bien no se refiere a lo que estaba señalando, tiene algunos nexos… aunque quizá, mi criterio hermenéutico está siendo demasiado elástico, pues parece referirse a la invasión unidireccional humano ==> naturaleza….

    Un abrazo y ánimo para tu cuñado, y su/tu familia. Joshua.

    «El sabio indio de tez oscura y mirada densa, contemplando un río, un monte, un árbol, se dice: “tat twam” así; tú eres esto. Hay, pues, una manera pacífica de ampliar nuestra morada interior y de enriquecerla realmente. Consiste en invadir la inagotable diversidad de los seres, haciéndonos iguales a cada uno de ellos, multiplicando nuestras facetas de sensibilidad para que el secreto de cada existencia halle siempre en nosotros un plazo favorable donde dar su reflexión. Feliz quien pudiera exclamar, como Empedocles de Akragas: “Yo he sido ya una vez muchacho, moza, planta, pájaro, y en el mar he ejercido la vida muda de un pez”» (T. II, 42).

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