Anástasis televisada (Disolución de la historia por transfusión de tecnología)

A propósito de la Anástasis que se celebra en estos días, la nave del phrontisterion emprende un nuevo viraje retrospectivo. Imaginen, como en El video Jesús (Andreas Eschbach), que alguien consigue retroceder al pasado para tomar unas imágenes de Jesús de Nazaret. El argumento del libro de Eschbach, relata la lucha que comenzará entre distintos grupos, por apoderarse (del poder) de estas imágenes. No dudamos en que la difusión de las mismas revolucionarían el curso de la  historia de la humanidad: muchas preguntas podrían ser entonces contestadas.

Sin embargo, creo que la citada novela no explota al máximo la idea que plantea. Me gustaría añadir -a partir de una licencia esencial, en la que el camarógrafo time traveler pudiera volver al punto de partida- dos dimensiones del cumplimiento de esta posibilidad: una cómica, siempre desde el respeto formal; otra dramática, con menos concesiones a la corrección.

Tron Jesus

 

La perspectiva cómica

No tardaría demasiado en darse el cainita proyecto, de retroceder al pasado para filmar la catarsis de Jesús de Nazaret: tormento y resurrección. Durante estos días, podríamos entonces disfrutar de una reposición real del proceso, más allá de las ajadas superproducciones habituales. Aunque, esto partiendo de la base de que los camarógrafos se comportan como meros espectadores pasivos, y aún más, como espectadores clandestinos -pues supongan el jaleo que se organizaría en el Gólgota, por la aparición en escena de los extraños y sus artilugios-.

Con el tiempo, podría darse la circunstancia de que, para amenizar las emisiones, alguna cadena decidiera tratar de introducir cambios en el desarrollo original de los hechos. Al principio, con algún pequeño guiño, p.e. un famoso caracterizado de la época, después, entraría en juego el marketing y alguien intentaría entregar al mesias una botella de bebida isotónica. El colmo de esta secuencia, es la posibilidad de que ciertos grupos radicales trataran de rescatar a Jesús de Nazaret, y bien podrían sustituirlo por un doble, intentando alterar lo menos posible el curso de la historia, pero no cabe duda de que se organizaría un despliegue en el que el Nazareno sería nombrado Rey Universal a lomos de un papamovil de combate ultramoderno.

Por otro lado, existe una posibilidad aún más absurda, la resurrección del Nazareno se convierte en un acto tan ordinario y obsesivo como el despertar de la marmota en Atrapado en el tiempo: la predicción del curso de la historia civilizatoria para el año siguiente, se realiza a partir de entonces en función de la resurrección, mas o menos dolorida, del atónito mesias.

La perspectiva dramática

En el párrafo anterior, hemos sugerido de antemano algunos matices dramáticos de la posibilidad que ha suscitado nuestra reflexión; ahora interesa ampliar esta perspectiva, para intentar captar las consecuencias negativas de la normalización de estas “excursiones ‘transtemporales”. Aparte de que el presente estaría cambiando constantemente, lo cual pondría en riesgo permanente la posibilidad de usted leyera este artículo -porque él, usted, yo o la mismísima internet, desapareciéramos  súbitamente-, cabe valorar las consecuencias, sociales y culturales, de la interacción entre civilizaciones arcaicas y seres ultratecnológicos.

Para una mejor valoración, partamos además de dos perspectivas parciales: la primera, una en la que los seres ultratecnológicos comparten de forma desinteresada los beneficios y propiedades de sus artefactos; la segunda, una en la que los seres ultratecnológicos venden sus cacharros al mejor postor. En ambos casos, el resultado es catastrófico. La consecuencia absoluta sería evidentemente la descomposición de la historia, todas las estructuras temporales serían abolidas: no existiría pasado, porque el “mercadeo transtemporal” de tecnologias habría eliminado los estadios evolutivos de la civilización. No obstante, de darse la segunda posibilidad, los tiranos arcaicos apropiándose de las tecnologías a cambio de gemas y personas, el resultado sería el mismo, matizando el componente de fijación total de la desigualdad, como un rasgo carácterístico de la historia. Esto quiere decir que los primeros tiranos habrían dispuesto ya, desde siempre, de todos los medios tecnológicos para dominar a una cohorte intertemporal de esclavos: si hasta ahora la evolución del conocimiento humano, al menos parcialmente y sin duda cada vez menos, ha debido hacerse en paralelo, con ‘ciertas’ posibilidades de acceso por parte de los distintos grupos que componen la sociedad (ricos, pobres, etc.), los tiranos dispondrían ahora de todo el conocimiento, y el poder que lo acompaña, para esclavizar sin piedad a las masas veladas.

No cabe mucho más que decir, excepto algunas permutaciones de los casos presentados; desgraciadamente, todo apunta a que deberíamos abandonar definitivamente el impulso por viajar a través del tiempo o, al menos, relegarlo al terreno de la fantasía literaria: los resultados, aunque hasta cierto punto divertidos, lo serían, como siempre, para unos más que para otros. Respecto a la idea de si Jesús de Nazaret -de ser restaurado su reinado por el grupo de fanáticos que mencionábamos- sería un gobernante justo o no, supongo que, como en todos los casos similares, habría alguna que otra sopresa; no por nada en particular, la historia es así de mudadiza e inestable si se altera su dinámica interna.

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Un Comentario

  1. Chestersoc

    Estos días han puesto en la tele ‘el enigma de Jerusalem’, que trata precisamente de eso. Es una pena, porque se limita a una novela de intriga y aventuras -al estilo Dan Brown- más que pensar en las posibilidades reales, algo parecido a lo que tú haces. Estoy de acuerdo con tus conclusiones sobre viajes en el tiempo. en cuanto al gobierno de Jesús, pues ya lo dijo él mismo: mi reino no es de este mundo. Sin embargo, San Agustín tiene clarísima esa especie de competencia entre las ‘dos ciudades’…

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