Más Elysia y menos Elysium: una buena metáfora para el ecologismo del siglo XXI

Las plantas, como saben, producen sus alimentos mediante un proceso químico llamado fotosíntesis; el resto de los seres vivos, tenemos que buscarnos la vida de una u otra forma. Sin embargo, existe alguna excepción: la “Elysia chlorotica“, una humilde babosa de mar, es el primer animal descubierto con capacidad para la fotosíntesis.

elysia 2

La Elysia se alimenta de los cloroplastos de la Vauncheria Littorea, una alga marina. Por una especie de secuestro -conocido como cleptoplastia- las estructuras fotosintéticas de esta alga quedan preservadas en el epitélio de su sistema digestivo, donde posteriormente, continuarán realizando su trabajo: fotosintetizar la luz solar para convertirla en energía de la que vivir (en este caso, alimentarán a la babosa). Dos semanas dedicadas exclusivamente a las algas, y el ‘animal’ podrá permanecer sin comer durante casi un año: más o menos el resto de su vida.

Cuanta falta nos haría que nuestro ser quisiera parecerse un poco a Elysia. Lo digo imaginando a la civilización, sobre todo la del norte económico, como una gigantesca bestia voraz. El problema, es que a esta bestia civilizatoria se le agota radicalmente el alimento; es decir, los recursos energéticos disponibles en el planeta tierra. La inquietante pregunta es que va a comer para entonces, para cuando agote la energía que hasta ahora sostenía su mantenimiento, ¿acaso se producirá la de-función de este sistema autoorganizado? O lo que es lo mismo, ¿va a producirse un apocalipsis civilizatorio? (algunos se preguntan todavía si podrán mantener su estatus de absolutos privilegiados, y sus niveles de ‘bienestar’).

Hemos de plantearnos seriamente, no como los buitres del ecocapitalismo, el uso de las fuentes de energía renovables: entre ellas, aunque no la mejor, está la captación de la luz solar. Decíamos que no es la mejor, pero no lo es por un motivo muy sencillo: nuestra forma de vida, nuestro sistema auto(des)organizado, nuestra bestia, alcanza cotas de consumo delirantes. Vivimos por encima de nuestras posibilidades, y quien diga lo contrario, debe reconocer que le importan un pepino las generaciones futuras (tal vez incluso sus nietos o biznietos). Un planteamiento serio, requiere abandonar la obsesión por un lujo ilegítimo y buscar una fórmula de justicia omnicomprensiva: aquella capaz de atender a las demandas de justicia social en el presente (y en el futuro) y ser capaz de sostener cotas estables de biodiversidad…

Tal vez deberíamos adoptar un modelo biomimético relativo a la Elysia, ser capaces de abastecernos de una energía limpia y abundante, sin exagerar nuestras necesidades. Otra opción, es dejar las cosas como están y prepararnos para el ecoapocalipsis, pero entonces tampoco deberíamos olvidar que viviremos en un contexto en el que la justicia social habrá sido totalmente abolida por la plutocracia… por lo menos yo, estoy convencido de que viviré en el peor de los mundos, en el devastado, y no me hace demasiada gracia.

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