¿Arqueros o monstruos que fracasan?

Praxis prefigurativa en José Ortega y Gasset y la idea de responsabilidad intergeneracional

 

(Algo muy breve que he escrito como propuesta tardía para un congreso).

Extr.:

«…el material básico de las generaciones, el llamado a cumplir con su parte de la misión conjunta, es, como decía Benavides: un «monstruo propicio». La enfermedad que sufre, su extranaturaleza, su exceso de fantasía, le proporcionan al humano una posición privilegiada y brutalmente inaudita para el resto de la vida en la tierra. Sin embargo, cabría, a la luz de la realidad actual, considerar que este monstruo viene fracasando con renovado empeño: se desvela entonces, más bien, como un monstruo “que propicia” -como no podía ser de otra manera- monstruosidades.»

 

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Tal y como es presentada, en su clásica fundamentación y en su versión actualizada, la discusión en torno a la justa responsabilidad por las generaciones futuras, apela a una praxis política colectiva y a una ética individual, que deben ser radicalmente prefigurativas. Lo que esto requiere de nuestra parte, aunque no sólo eso, es que no perdamos la perspectiva de las consecuencias que nuestras acciones tendrán en el futuro. Llama la tención, como algunos pensadores han estado señalando en las últimas décadas, que cuando combinamos esta idea con el énfasis de la ecología, el producto resultante redunda todavía más en este aspecto: cabe plantearse incluso las preferencias o necesidades de las generaciones del futuro y, en base a esta especulación, parametrar nuestra conducta hoy. Esto, por lo que se ve, encaja en el espacio de la prefiguración –en tanto que: «representación anticipada de algo», respecto de lo que nos comprometemos y obramos-.

De una noción de política prefigurativa actualizada, y con el valor añadido del ecologismo, han hecho acopio algunos grupos socialistas norteamericanos. A propósito de esta feliz recuperación, sorprende descubrir que José Ortega y Gasset -tan denostado como considerado en el mundo del socialismo-, acaso fuera pionero en cierta formulación de la praxis prefigurativa e, incluso, de su hipervínculo con la responsabilidad intergeneracional. En esta comunicación, como crédito a la afirmación anterior, interesa resaltar los textos orteguianos que dan pábulo a dicha hipótesis, para así, plantear la preponderancia de Ortega en la formulación de la actual conversación entre generaciones.

Uno de los epígrafes favoritos de Ortega -«Seamos como arqueros que tienen un blanco»-, sirve para ilustrar nuestra voluntad de prefiguración. La fenomenología del arquero apuntando, como una instantánea de la prefiguración a corto plazo, nos dice que, si bien la flecha permanece todavía anclada, él ya la está viendo clavada en alguna parte de la diana. Es esta visión premonitoria lo que le lleva a desplazar tanto, o menos, la posición de la flecha, la tensión de sus brazos, la postura de sus piernas, etc. –sin olvidar la valoración, que estará llevando a cabo, en torno a cuestiones meteorológicas adscritas al ámbito de la Naturaleza (otros elementos de su circunstancia como el sentido y la velocidad del viento, la posibilidad de lluvia, o el temblor de la tierra)-. Algo así sucede cuando, liberando mayores cotas de prefiguración, desplegamos nuestros proyectos vitales pues, según Ortega -y en suma mariana-, la propiedad del Ser humano es: ser «futurizo» y estar por hacerse. Si trasladamos esta afirmación a un nivel colectivo, lo resultante es que un sinfín de proyectos vitales, haciéndose y por hacerse, se van entrecruzando en la historia, solapándose. Esta característica implica, en especial si perseguimos una pauta justa, que las generaciones en cada momento presentes, asuman el hecho de la resiliencia de sus decisiones en las generaciones venideras.

Lo que acabamos de mencionar, con evidentes resonancias orteguianas, es la tarea, la misión vital de cualquier generación y, por extensión, de todos los miembros que las compongan. Ahora bien, hemos de notar que el material básico de las generaciones, el llamado a cumplir con su parte de la misión conjunta, es, como decía Benavides: un «monstruo propicio». La enfermedad que sufre, su extranaturaleza, su exceso de fantasía, le proporciona al humano una posición privilegiada y brutalmente inaudita para el resto de la vida en la tierra. Sin embargo, cabría, a la luz de la realidad actual, considerar que este monstruo, otrora tan propicio para hacerlo bien, viene fracasando con renovado empeño: se desvela entonces, más bien, como un monstruo “que propicia” -como no podía ser de otra manera- monstruosidades. Lo riesgoso, es que no sabemos cuántos más de estos fracasos y monstruosidades podrá soportar el maltrecho planeta.

Equivocadamente, el ser humano trata de compensar semejante incertidumbre con desaforadas oleadas de tecnociencia y, esta elusión de una planificación más desarrollada, hace necesaria la discusión en torno a la responsabilidad y la justicia para con las generaciones futuras. Hemos visto que una política, y una ética, irresponsables para con el mañana cristalizarán, sin duda, en inexorables maldiciones que limiten severamente las posibilidades de las generaciones del futuro. Surge entonces una importante paradoja o, más bien, una evidente perogrullada: las generaciones futuras serán, y en parte sólo eso, lo que nosotros queramos hoy que sean (en la medida en que agotemos ciertos recursos naturales, produzcamos mayores cantidades de residuos o introduzcamos distintas modificaciones genéticas). Hoy somos, por tanto, radicalmente responsables de lo que a ellas acontezca mañana.

De nuevo, como suele suceder ante la perspectiva del compromiso, surge la pregunta de los perezosos: ¿por qué habríamos de mover un solo dedo a favor de las generaciones futuras? Ortega ya decía que las generaciones indóciles a su misión, caminaban arrastrando su fracaso por la historia: hoy sabemos con triste certeza que esos fantasmas resilientes, como muestra la noción de huella ecológica, son la fatalidad de las generaciones que les suceden. Eludir este tipo de responsabilidad, nos conduce a un marco de cierto nihilismo: si no hay futuro, o no nos importa, se hace legitima una lucha de todos contra todos por la conquista de los recursos naturales –lucha en cuyo fragor, con motivo de la ganancia económica, perecen siempre los ‘desposeídos’-. En definitiva, lo más importante es que hacernos cargo, no sólo desde el nivel retórico sino respondiendo en la práctica a su llamado, sirve como instrumento para modelar las políticas actuales: ubica la siguiente baliza en un futuro (social y ecológicamente) justo, cuyas características exigen tanto una aplicación retrospectiva de la responsabilidad en la historia –nivel reparador-, como una prospección de la misma para someter los vectores del desarrollo civilizatorio –nivel preventivo-.

La prefiguración, en política, ética, debe emplearse como un instrumento de prospectiva y perspectiva, anticipando para configurar el presente: sólo así podrá salvarse la nave, la aventura, y el navegante. Algo, en gran parte, anticipado por la futuriza, como decíamos, filosofía de Ortega.

 

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  1. Chestersoc

    Te copio literalmente una actividad que hay en mi Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de Granada. Seguro que al menos, la referencia bibliográfica y/o el autor te pueden interesar.
    Saludos cordiales, Juancarlos.

    Mañana martes día 11 de marzo, a las 13.00 horas en el aula Constitución 1812 “La Pepa”, tendrá lugar la presentación del libro “Pensamiento Político en la España Contemporánea” de D. Manuel Menéndez Alzamora y D. Antonio Robles Egea. A continuación el profesor Alzamora de la Universidad de Alicante, impartirá la conferencia: “1914: José Ortega y Gasset y su generación Política”.

  2. joshuabeneite

    Hola Juan Carlos, he visto algunas reseñas de ese libro (porque me lo has comentado) y me parece muy interesante, tal vez lo lea para ampliar las lecturas que estoy haciendo sobre el pensamiento español. Quería decirte también que me animó mucho tu respuesta, es un lujo que leas mis entradas! Ahora estoy algo apartado de las redes sociales para intentar pulir algunas cosas, como las que me has estado comentando, y centrar mi tiempo en escribir la tesis y artículos; muchas gracias, un abrazo, Joshua.

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