¿Centauros, cinocéfalos o caballeros del espíritu?

cinocéfalo

(Este texto ha sido enviado como propuesta para el I Congreso de Red Española de Filosofía, recoge de manera sintética las líneas de mi investigación: os invito a criticarlo sin piedad…)

 

Para dotar al ecologismo de una fundamentación sólida, se ha rebuscado entre las distintas corrientes filosóficas y, desde una selección de estas, se han tratado de afrontar los retos, presentes y futuros, de la civilización. Mucho se ha hablado, entonces, de la ecología de Karl Marx, y otro tanto de la de Martin Heidegger: el primero ha sido invocado por el ecosocialismo y el segundo, por la ecología profunda (deep ecology).
Aunque muy valiosas, sendas perspectivas han resultado no poco controvertidas y, en la actualidad, continúan sin encontrar un respaldo popular mayoritario. No obstante -y a riesgo de generar polémica-, conviene reparar en que, en su defensa, el ecosocialismo es un humanismo mientras que, en el antípoda, la ecología profunda puede devenir un radical antihumanismo. Ahora bien, frente al panorama de un problema irresoluto –que trasciende hasta poner en riesgo la continuación misma de la civilización-, cabe preguntarse si se agota así la fundamentación filosófica de la ecología.
Un firme no motiva esta comunicación y, con ella, se anuncia la tesis de que José Ortega y Gasset ofrece un potencial no explotado para la fundamentación filosófica de la ecología. Para justificar esta riesgosa afirmación, se propone abordar “la ecología de Ortega” en tres niveles:
1. El primer indicio de una ecología orteguiana, lo hayamos en la hermenéutica de Manuel Benavides (De la ameba al monstruo propicio), y en un sucinto artículo de José Luis López Aranguren (Ecología y comunicación en el pensamiento de Ortega y Gasset). De Benavides –pues Aranguren es más escueto para nuestra “voluntad de ecología”-, cabe destacar su reivindicación de un Ortega «por sí mismo»: no en base a tal o cual pensador, sino en la metabolización de una filosofía entretejida con la nueva biología (Uexküll) y, por tanto, radicalmente vinculada a la «vida».
2. En segundo lugar, ampliando el polemoscopio, surge en el horizonte una gigantomaquia por la fundamentación filosófica de la ecología. Aquí es necesario considerar la distancia que de Marx y Heidegger, toma el propio Ortega. Se traen a colación las lecturas de diversos pensadores orteguianos (Pedro Cerezo, Jesús Conill, Javier Zamora, Tomás Domingo o José Luis Moreno Pestaña, entre otros). Empero, es necesario considerar también a algunos de sus enconados críticos, encabezados ahora por Jorge Semprún y José María Laso Prieto. Este movimiento, por otro lado, nos aboca directamente hacia un presente radical y marxista; presente del cual, no cabría desterrar con tanta seguridad cierta presencia orteguiana (consideren que Manuel Sacristán Luzón leyó a Ortega y que su herencia se transmite, al través de Francisco Fernández Buey, hasta la –probablemente- más ecologista filosofía española: Jorge Riechmann).
3. Por último, sorprende descubrir algo que insinuábamos en el párrafo anterior: un ethos orteguiano en la ecología de finales del siglo XX y principios del XXI. En este punto, cabe presentar la génesis de un importante tópico contemporáneo en Ortega (I), el reflejo de su obra en dos filósofos y activistas de la ecología política actual (II) y, de nuevo -pero afortunadamente-, su distancia respecto de un filósofo que también habla de ecología política: la “bestia negra” de la New Age y la deep ecology (III).
I. La justicia intergeneracional: el aterrizaje -«política, no metafísica» (Rawls)- de la responsabilidad por las generaciones futuras (Jonas)-, acapara la retórica de la ecología, alcanzando incluso a campos como la economía o el derecho internacional. Su formulación es frecuentemente atribuida a Hans Jonas -«hijo de Heidegger» (Wolin)-, pero aquí reivindicaremos –en una reconsideración de su denostado método histórico de las generaciones- la constante orteguiana por una “praxis político-filosófica prefigurativa”: la misma que deben practicar las generaciones presentes por las del futuro.
II. Andrew Dobson y Jorge Riechmann, son dos imprescindibles de la ecología política actual y -cada uno en su contexto- algo orteguianos. De Dobson, vale la pena considerar una lectura hermenéutica de su obra, y rastrear los reflejos orteguianos en su Pensamiento político verde. De Riechmann, es menester valorar si su principio de la Biomímesis, responde a una ampliación de aquel ímpetu orteguiano: «someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo.» (OC, T. III: 593, TNT).
III. Por último, como respuesta a la acusación prometeica sobre Ortega, y para reforzar su valor ecológico, se puede mostrar -a grandes rasgos- la distancia de su ecología respecto del polo desencantado que ofrecería la política ecológica de Slavoj Žižek. Pese a compartir cierta idea del Ser como muñón ontológico de la Naturaleza, la encomienda de ambos, difiere sensiblemente: uno nos invita a ser sin el paisaje, el otro, ya veremos.
La ecología de Ortega tiene lugar; sirviéndonos de sus propios conceptos, podemos ver tres tipos de actitudes frente a la crisis ecológica: hay quien ensaya una impostura de cinocéfalo: fanáticos de la ecología profunda que predican la extinción de la humanidad; en una radicalidad opuesta, continúa la andanada de los caballeros del espíritu: cornucopianos que, inspirados por el mecanicismo señorean, sin sentido ni responsabilidad, una vapuleada circunstancia; por suerte, también están los de la cultura ‘centáuride’, son los que afrontan la profunda dificultad de su condición dual: un cuerpo biológico que, habitando la «circum-stantia» -y todos sus límites-, es regido por una cabeza fantasiosa.
La pregunta es cuál será nuestra postura, nuestra perspectiva, nuestro “instrumento paraláctico”, para la natación en semejante naufragio civilizatorio: este continúa siendo «el tema de nuestro tiempo».

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  1. Chestersoc

    Pides una crítica sin piedad… Yo sólo te voy a decir una cosa: es un resumen de un marco teórico, el tuyo. Entiendo que una participación en un congreso -aunque yo nunca he estado en un congreso de filosofía, sólo de sociología- es una idea. No sé si los filósofos necesitáis ideas a mogollón para que al final uno se quede con una ristra de nombres, aunque es cierto que significan posiciones.
    Así que lo más interesante es el último párrafo. Y todo lo demás podría ser una glosa al mismo: quizá ver cómo se ajusta la realidad de hoy a lo que vislumbró Ortega. Justo al revés. Perdona si me he pasado, pero era tu deseo…

  2. joshuabeneite

    Hola Chestersoc, agradezco tu crítica, y tomo nota de ella.

    La idea que quiero presentar, ¿el objeto de estudio?, es la ecología de Ortega y Gasset. Para ello no puedo dejar de contrastar frecuentemente la realidad de hoy con su pensamiento; por ejemplo considerando la noción de ‘limite’ en uno de sus conceptos fetiche: la circunstancia. Por otro lado, sí, las primeras partes son doxográficas y escolásticas, pero también propongo una hermenéutica renovada de la obra, completa, de Ortega. No sabría hacerlo sin referirme a todos esos autores (como imaginas, ya acoto bastante el radio).

    Tal vez sea por la orientación más analítica y empirista de la sociología, en contra de la filosofía continental, que se introduce en líneas de pensamiento, habitualmente retroproyectadas hasta los helénicos. He leido algo de Bordieu sobre el conflicto filo-socio, este autor me gusta mucho; también me gusta la perspectiva de José Luis Moreno Pestaña (estoy leyendo “La norma de la filosofía”), este autor, ¿es conocido en el ámbito sociológico, o es más filosófico?

    Considera igualmente que, si llega a buen puerto, la tesis será presentada a catedráticos de rancio abolengo orteguiano; dadas mis circunstancias personales, tal vez deba hacer un esfuerzo doble por demostrar mi -supuesta- pericia en este campo. No se me ocurre una forma mejor de presentarlo “en un tribunal filosófico”. Por último, son sólo 900 palabras, el texto completo irá cargado de experiencias y diálogos reales tanto con Dobson como con Riechmann, y algunos de los nombres que cito.

    Si tienes un momento, ¿podrías decirme algo más sobre tu recomendación? Valoro mucho la perspectiva sociológica, de hecho, estoy esperando a poder entrevistarme con Ernesto García (“EL trampolín faústico”) y mi interes por la ecología surgió mientras cursaba unas asignaturas sobre estructura social y sociología de la educación. Por mi parte, sociología y filosofía se nutren mutuamente: cuando una se eleva demasiado, la otra la aterriza; cuando una se materializa en exceso, resurgen las ciencias del espíritu…

    Un abrazo Chester, espero que podamos seguir esta conversación.

    • joshuabeneite

      Hola de nuevo Chester, le llevo dándole vueltas al tema todo el día. Mi defensa ha sido respecto de mi trabajo de tesis, que no era el objeto de tu crítica. Tienes toda la razón en que una comunicación así, aún breve (20 min), es un auténtico ladrillo; y en alguna ocasión me he sorprendido a mí mismo ya, lanzando ladrillos al auditorio. Gracias por tu sugerencia, sin duda el enfoque correcto para la presentación es mencionar la glosa, pero centrarme en la actualidad de la ecología que planteo, será más interesante y, por otro lado, la mejor prueba de que he manejado sus obras completas. En cualquier caso, me gustaría mucho saber tu opinión sobre el planteamiento de mi tesis, al margen de la estructura de la presentación.
      Un saludo, espero seguir conversando contigo.

      • Chestersoc

        Disculpa mi silencio de estos días, pero WordPress no me avisó de la respuesta a mi comentario y cuando vine no la vi. Ahora no puedo detenerme, mañana si Dios quiere ‘estudio’ tus comentarios. Yo pensé que lo habías rehecho enla siguiente entrada, que está mucho mejor.
        Hasta pronto.

  3. Chestersoc

    Tampoco ahora tengo mucho tiempo. He leído tus dos comentarios. El primero, la réplica a mi primer comentario, es una explicación de tu tesis. Me parece que tienes una cultura amplísima, y que la harás muy bien. Pestaña es un tipo listísimo, yo estuve una vez con él en un tribunal de tesis. La sociología tiene la ventaja que se puede mover entre lo más teórico y lo más empírico, y cada uno trata de encontrar su sitio adecuado. Ya sabrás que Ortega -las masas…- ha sido durante muchos años -hasta Juan Linz y Manuel Castells- el ‘sociólogo’ español de más prestigio internacional. Te diré lo que piendo: ‘das la sensación’ de que dominas, por si te sirve. Por lo demás, estoy seguro que no sólo das el pego.
    En cuanto a la segunda intervención tuya, se ve que ya vas a lo concreto que es a lo que iba yo. Mi comentario era la experiencia de 25 años de profe en la ugr. Y me gusta que al final te hayas dado cuenta de lo que dices. En general, me parece que tratas demasiados temas en tus entradas. Y otra cosa que a mí personalmente no me gusta mucho, son las palabrotas (aunque sólo sea mierda, y menos en el título). Sé que está de moda -¡qué cojones!-, pero un universitario ha pasado por un filtro. ¿Ortega las decía? Puede que sí, pero jamás en sus escritos. Mantén el nivel, formal en este caso.
    Disculpa mis confianzas, pero uno ya se va haciendo viejo. Un saludo muy cordial, Juancarlos.

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