Críticos de Ortega: José Maria Laso y Jorge Semprún

 

            Dice Rafael Sánchez Ferlosio, crítico de Ortega[1], que «eso de las llamadas ‘generaciones’ es un redondeo que se hace con personas que han nacido en torno a la misma época. Es un ‘Ortegajo’ [[2]][3] Para Jorge Semprún, en su avatar clandestino de Federico Sánchez, es poco menos que una conspiración anti-marxista[4].

            Parte de la denuncia y la crítica marxista más radical hacia Ortega fue realizada por José María Laso Prieto, para este «Ortega es el gran intelectual orgánico de la burguesía española y por ello en él se reflejan con transparencia sus contradicciones y virajes políticos»[5] y su concepción aristocrática de la sociedad «en algunos rasgos recuerda a la de los optimáticos de la Roma esclavista.»[6] Y no sólo eso, sino que la «apología orteguiana de los valores humanos animales –aún sin sacarla de su contexto– no sólo recuerda textos similares de Alfred Rosemberg, filósofo oficial del nazismo, sino también a las charlas de campamento en las juventudes hitlerianas»[7]; tanto es así que incluso «se pueden captar en él rasgos de sus concepciones biológicas susceptibles de ser desarrollados en un sentido racista»[8], que Laso ubica en su antidarwinismo[9].

            Respecto de la relación entre el marxismo y la teoría de las generaciones orteguiana, Laso concluye que «Así, sin afrontar directamente una crítica del materialismo histórico, intentó Ortega desplazar al marxismo del horizonte ideológico de los españoles.»[10] Únicamente «El concepto de generación es relevante en el campo biológico de la genética de poblaciones (…) Lo que ya nadie puede sostener seriamente es que el concepto de generación sea el más importante de la Historia, ni que la teoría de las generaciones sea capaz de sustituir al materialismo histórico como fundamento científico del estudio del desarrollo histórico.»[11]

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            Por su parte, Semprún eleva la intensidad de la crítica cuando señala una conspiración antimarxista en Ortega, y existe un sustancioso –y virulento- artículo en el que precisamente ataca directamente al método de las generaciones[12]. Sus críticas radican en dos afirmaciones

«Primera: la interpretación orteguiana de la historia es esencialmente metafísica, idealista. Segunda: en ella, el método de las generaciones desempeña una función peculiar: intenta responder, mistificadoramente, a las exigencias dialécticas que todo el proceso real de la historia impone, de una u otra forma, a las ideologías contemporáneas de la burguesía liberal. La idea de las generaciones, de su lucha, de sus contradicciones, tiende a suplantar y ocultar las contradicciones reales que impulsan el desarrollo de la sociedad, en virtud de leyes objetivas.»[13]

            Y Semprún comienza a cargar las tintas contra Ortega

«Lo primero que salta a la vista es el vitalismo irracional del término generación. Esta se concibe como “proyectil biológico”, como forma esencial de los “cambios de sensibilidad vital”, expresiones desprovistas de todo rigor filosófico. Son metáforas huecas (y de una cursilería un tanto provinciana) pero no conceptos (que constituyen las únicas formas del pensamiento humano que permiten apresar los rasgos generales, esenciales, de los objetos y de los fenómenos de la realidad objetiva, ya sea histórica o natural). Además, el hecho de que unas generaciones se adapten y prolonguen las formas preexistentes y otras no lo hagan, no se explica de forma alguna. Es un hecho misterioso, que no obedece a ninguna ley histórica, que se produce o no se produce, al viento del azar.»[14]

            En su opinión, es un método que adolece de «puerilidad (…) vulgaridad (…) improvisaciones filosóficas (…) todas las tonterías que se quiera.»[15]

            Para Semprún, al contrario de lo que propone el método, «Octubre de 1917 no es el resultado de la acción de ninguna “generación decisiva”. Es el resultado, por una parte, de la acción de las leyes objetivas del desarrollo social, y, por otra (siendo ambos aspectos inseparables), de la acción de las masas de millones de obreros y campesinos, orientadas y dirigidas por unos millares de bolcheviques, de muy diversas generaciones, agrupados en una organización política firmemente cohesionada sobre la base de una teoría científica del desarrollo de la sociedad y de la historia.»[16]

            La clara orientación de Semprún se percibe cuando afirma que «en la concepción orteguiana del desarrollo histórico, típicamente idealista, la teoría de las generaciones desempeña, en efecto, un papel preciso, bien delimitado: el de ocultar la ley objetiva de la lucha de clases como ley determinante del desarrollo histórico, desde la disolución de la comuna primitiva. Esta es, primordialmente, la motivación del ‘descubrimiento’ orteguiano del papel de las generaciones en la historia.»[17]

            Finalmente, para Semprún «todo el propósito orteguiano de ‘rebasar’ el materialismo histórico (…) desemboca lisa y llanamente en la postura tradicional de la metafísica, que concibe los fenómenos de la naturaleza y de la historia como objetos abstractos, desprovistos de contradicciones internas, idénticos a sí mismos “por los siglos de los siglos”.»[18]

            Desde su perspectiva, Semprún recuerda que «Las clases, sus antagonismos y contradicciones, corresponden a una realidad objetiva. Huyendo de esa realidad, difuminándola, o tergiversándola como siempre ha hecho Ortega, como ahora hace Marías, se cierra uno el paso a la comprensión concreta de la historia, y, lo que es más grave aún, se desorienta a las fuerzas sociales que aspiran a la transformación democrática de nuestro país (…) Lucha de clases, pues, lo que está en curso en España, y no lucha de generaciones. Y el papel que a la juventud le corresponde en esta lucha, en Universidades, en las fábricas, en el campo, no se desprende de una nebulosa «misión generacional», no tiene un carácter «específico», al margen de las fuerzas sociales que realmente actúan.»[19]

 

 


[1] (Tejada, 2005).

[2]  P.e.: “poder aerostático [del poema]”, “los árboles infolies del invierno”, “las caravelas de la seriedad”, “cinglan victoriosas”, “la historia se columpia rítmicamente”, “odoraciones”, “ungénito”, “repristinaba”

[3] La cita continúa: «A Carmen Martín Gaite, que fue mi primera mujer, se le ocurrió esa palabra del ‘Ortegajo’ para hablar de generaciones. Yo se la he robado a ella. La utilizo para referirme a las citas de Ortega», en (Sánchez Ferlosio, 2004), http://www.abc.es/hemeroteca/historico-03-12-2004/abc/Cultura/rafael-sanchez-ferlosio-la-libertad-no-quiere-decir-nada_963759506546.html#

[4] (Sánchez [Semprún], 1957)

[5] (Laso, 1983), p. 11.

[6] (Laso, 1983), p. 21.

[7] (Laso, 1983), p. 15.

[8] (Laso, 1983), p. 10.

[9] Cfr. apartado X de esta tesis.

[10] (Laso, 1983), p. 17.

[11] (Laso, 1983), p. 19.

[12] (Sánchez [Semprún], 1957)

[13] (Sánchez [Semprún], 1957), p. 55.

[14] (Sánchez [Semprún], 1957), p. 37.

[15] (Sánchez [Semprún], 1957), p. 38 y 40.

[16] (Sánchez [Semprún], 1957), p. 39.

[17] (Sánchez [Semprún], 1957), p. 40.

[18] (Sánchez [Semprún], 1957), p. 43.

[19] (Sánchez [Semprún], 1957), p. 47.

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