El apocalipsis de Olduvai

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Según la teoría del overshoot  ecológico desde 2011 la humanidad vive por encima de sus posibilidades materiales, y se ha desencadenado de forma irreversible la alteración del orden de los ecosistemas. El colapso es inminente debido al progresivo agotamiento de recursos, que pese ser las excrecencias del planeta tierra, pueden desencadenar  un ‘novedoso’ proceso de die-off con su desaparición.[1] Un posible escenario distópico sería el planteado en la teoría de Olduvai, donde se especula que nuestra civilización podría sufrir un retroceso gradual hasta remontarnos a la “era de la industria olduvayense”.[2]

Aquí, al margen de la discusión a nivel tanto académico como mediático acerca de la pertinencia real de dicha alarma,[3] tomaremos como cierto que estamos presenciando fenómenos inauditos; como temían Heidegger y Ortega; y que estos cambios son los propios de la recién inaugurada era del antropoceno: cuando los seres humanos devenimos agentes geomorfológicos construyendo nuestro próximo palacio, o nuestro propio sepulcro.

Para los más alarmistas, provocar un “trompo paradigmático” en la historia humana es una posible solución de continuidad para la supervivencia de la especie humana.  Sin embargo, se especula que esto no sería sencillo, el plantea está tan acostumbrado a los niveles de contaminación y extracción que el cese repentino de nuestras actividades podría desencadenar cataclismos impredecibles.  De modo que la única salida es provocar un decrecimiento progresivo de nuestros niveles de vida y fomentar este tipo de (de) crecimiento para los paises emergentes. No obstante,  muchos de estos paises quieren tener las mismas oportunidades, y en los mismos términos, que han tenido las civilizaciones de norte económico para su desarrollo.

Mucho menos preocupados y en la posición antípoda, encontraríamos a aquellos que defienden que el colapso se puede contrarrestar con una transición que sustituya progresivamente el capital natural crítico por capital humano manufacturado.[4]

            Estos son los dos polos radicales del debate ambientalista como se nos presentan hoy, sin contar con una posición intermedia, constatada la imposibilidad de un término medio Aristotélico para la ecología. No obstante, ambos polos operan con un mensaje alarmista de base[5], llegando por un lado a ejercer una heurística del miedo al estilo de Hans Jonas[6]; y por otro, al estilo del capitalismo verde, una instrumentalización política y económica.


[1]. PRICE D.: «Energy and human evolution», Population and environment, 16 (4) (1995), pp. 301-19

[2]. DUNCAN, R.: «The Olduvai theory: toward re-equalizing the world standard of living», The social contract press, 19 (4) (2009), pp. 67-80

[3]. LOMBORG, B.: El ecologista escéptico. Madrid, Espasa Calpe, 1965

[4]. BECKERMAN, W.: Justice, posterity and the environment. New York, Oxford University Press, 2001

[5]. SKRIMSHIRE, S. (ed.): Future ethics. Climate change and apocalyptic imagination. London, Continuum, 2010

[6]. JONAS, H.: El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica. Barcelona, Herder, 1995, p. 58

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